
Miré un poco más allá de lo que me estaba debido ver
y sin pensarlo me lancé en picada libre hacia el abismo,
las alas hicieron combustión en el aire y mientras caía
crearon el color ensangrentado del crepúsculo.
El mar me atiborró el cuerpo con humedad y sal
y me sentí, de pronto, denso por dentro.
Al alcanzar la playa
pensaron que era ICARO.
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