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02 febrero 2012

Miedo y asco en Las Vegas



Hablar de "Miedo y asco en las vegas" es hablar de un conjunto de monstruos que fueron capaces de crear un caos. En primer lugar habría que decir que la película nace de un libro, qué este libro no es nada más y nada menos que una de las obras más psicodélicas del periodismo Gonzo creda por el celebradisimo y alocado señor Hunter Stockton Thompson. 
Ya para mí esto podría ser suficiente. 
Vaya, una película que hace realidad el libro que marcó los años del gonzo, de la psicodelía y es que este libro tiene algo genial, no sólo es subjetivo en suma y descarriado tal y como el género gonzo busca proclamar  sino que se trata de un libro que narra los acontecimientos de Thompson y su mejor amigo el Dr. mientras se enloquecen en  las vegas cubriendo carreras de autos, asistiendo a conferencias y gastando dinero y drogas por montón en cada casino que visitan.
Pero ahora hay que hablar de otro genio. el director de la película es - asombro- el mono pescador, el gran Terry Gilliam, ese creador tan irresistible, tan original. entonces con este binomio ya uno sabe que lo que va a ver es algo que escapa a todo.
Pero luego llega el repertorio de actores, los protagonistas logran dos de las mejores actuaciones de su carrera, ver a Jhony Deep y a Benicio del Toro haciendo de lunáticos, de trashumantes es para partirse de la risa.
Y la música y los efectos que no son efectos, que son alucinaciones, que son la realidad, que son la vida. 
Una película que trasmite la esencia de la locura psicodélica, que nos pone al límite y que nos hace pasar un momento realmente agradable, lo prometo en esta película pasa de todo menos que uno se aburra.

Miedo y asco en Las Vegas



Hablar de "Miedo y asco en las vegas" es hablar de un conjunto de monstruos que fueron capaces de crear un caos. En primer lugar habría que decir que la película nace de un libro, qué este libro no es nada más y nada menos que una de las obras más psicodélicas del periodismo Gonzo creda por el celebradisimo y alocado señor Hunter Stockton Thompson. 
Ya para mí esto podría ser suficiente. 
Vaya, una película que hace realidad el libro que marcó los años del gonzo, de la psicodelía y es que este libro tiene algo genial, no sólo es subjetivo en suma y descarriado tal y como el género gonzo busca proclamar  sino que se trata de un libro que narra los acontecimientos de Thompson y su mejor amigo el Dr. mientras se enloquecen en  las vegas cubriendo carreras de autos, asistiendo a conferencias y gastando dinero y drogas por montón en cada casino que visitan.
Pero ahora hay que hablar de otro genio. el director de la película es - asombro- el mono pescador, el gran Terry Gilliam, ese creador tan irresistible, tan original. entonces con este binomio ya uno sabe que lo que va a ver es algo que escapa a todo.
Pero luego llega el repertorio de actores, los protagonistas logran dos de las mejores actuaciones de su carrera, ver a Jhony Deep y a Benicio del Toro haciendo de lunáticos, de trashumantes es para partirse de la risa.
Y la música y los efectos que no son efectos, que son alucinaciones, que son la realidad, que son la vida. 
Una película que trasmite la esencia de la locura psicodélica, que nos pone al límite y que nos hace pasar un momento realmente agradable, lo prometo en esta película pasa de todo menos que uno se aburra.

01 octubre 2011

El oso



Si algo puedo confesar que adeudo a mi familia es sobre todo el hecho de amar el cine; ir al cine era una secreta forma de divertimento que padre y madre solían tener. Esta distracción los alejaba de su mundo estresante y les daba ese relajamiento que tantas veces buscamos en esta afanada existencia. 

Como vivíamos en un pueblo, ir a cine era casi imposible, lo mejor que se podía hacer era alquilar las películas en Beta y alquilar la consola para verlas en casa. Eran películas muy precarias, muy carentes de profundidad pero que maravillaban. 

Kalimán era un señor bajito de bigote cantinflesco que solía vivir con una manada de perros, era simpático, algo cómico y dado al cariño de la gente y de los niños. Vivía en una pocilga casi derruida pero en ella tenía televisores, betas, vhs, películas y un laberinto de alcobas donde los chicos íbamos a deleitarnos con las tramas detectivescas de la época dorada de Charles Bronson y su Vengador anónimo o con las películas épicas de Conan el bárbaro. A decir verdad el cine de aquella era época estaba determinado en mi pueblito por el coraje, la venganza y la guerra: Robocop, Arma mortal, Rambo o Cobra, eran la panacea de nuestro conocimiento cine-filo sin embargo estas no eran nada sin Terminator, Bruce lee y el padre de nuestras fantasías vengadoras el polémico Chuck Norris. .

También, claro está, había algo más liviano; Regreso al futuro, Indiana Jones o aquellas sinietsras cintas que le encantaban a mi madre: Poltergeist , La mosca, la saga de  Freddy  Krueger o los Gremlins.

Sí, ese era el cine y lo amábamos.

Muy remotamente íbamos a salas de verdad, a teatros, pero cuando esto sucedía era para ver estrenos como E.T, Platoon, Star wars o Aliens .

Recuerdo muy bien aquellos días donde como en Cinema Paradiso me dejé maravillar por el mundo del celuloide, un cine popular pero cine de todos modos.

Sin embargo mi apreciación estética parecía advertirme que el cine podía ser más, quizás por eso, la primera película que recuerdo haber visto no se traslada a este campo de cintas que quedaron relegadas muchas veces al olvido o al género retro de la acción y las aventuras sino que mi primer recuerdo de una película asombrosa se traslada a un viaje a Villavicencio en uno de mis cumpleaños.

Tenía apenas unos 7 años y mi madre me llevó a ver una película proyectada sobre telón, era la primera vez que entraba a una sala, aquel día estrenaban la película El oso, del gran director Jean- Jacques Arnaud, ese genial hombre que dirigió Siete años en el Tibet, El amante y el Nombre de la rosa.

La película comenzó y para mi fueron las dos horas más maravillosas que pude tener, aquella sala me inundó por completo y me extasió

Aquel osezno luchando por sobrevivir, aquella aventura natural que sondeaba los sentimientos y las obsesiones humanas a través de una metáfora animal me hicieron llorar, tener pesadillas, dudar de todo y comenzar a pensar en cosas que no venían a cuento para un niño de esa edad, de pronto comencé a interrogarme por cuestiones como la justicia, el honor, la psicología, el ser, entre tantas otras que me fueron convirtiendo en lo que soy.

La escena que más me impacto fue aquella donde el osezno sueña con su  su madre y comienza a gemir, esa parte me dejó partido, destrozado por completo y con la seguridad de que los animales también podían sentir, sufrir, extrañar, odiar y amar.

Una  película que más allá de los tiroteos y guerras en las que viví me dio el placer de un cine bien hecho y que nunca pude olvidar. Gracias madre.





El oso



Si algo puedo confesar que adeudo a mi familia es sobre todo el hecho de amar el cine; ir al cine era una secreta forma de divertimento que padre y madre solían tener. Esta distracción los alejaba de su mundo estresante y les daba ese relajamiento que tantas veces buscamos en esta afanada existencia. 

Como vivíamos en un pueblo, ir a cine era casi imposible, lo mejor que se podía hacer era alquilar las películas en Beta y alquilar la consola para verlas en casa. Eran películas muy precarias, muy carentes de profundidad pero que maravillaban. 

Kalimán era un señor bajito de bigote cantinflesco que solía vivir con una manada de perros, era simpático, algo cómico y dado al cariño de la gente y de los niños. Vivía en una pocilga casi derruida pero en ella tenía televisores, betas, vhs, películas y un laberinto de alcobas donde los chicos íbamos a deleitarnos con las tramas detectivescas de la época dorada de Charles Bronson y su Vengador anónimo o con las películas épicas de Conan el bárbaro. A decir verdad el cine de aquella era época estaba determinado en mi pueblito por el coraje, la venganza y la guerra: Robocop, Arma mortal, Rambo o Cobra, eran la panacea de nuestro conocimiento cine-filo sin embargo estas no eran nada sin Terminator, Bruce lee y el padre de nuestras fantasías vengadoras el polémico Chuck Norris. .

También, claro está, había algo más liviano; Regreso al futuro, Indiana Jones o aquellas sinietsras cintas que le encantaban a mi madre: Poltergeist , La mosca, la saga de  Freddy  Krueger o los Gremlins.

Sí, ese era el cine y lo amábamos.

Muy remotamente íbamos a salas de verdad, a teatros, pero cuando esto sucedía era para ver estrenos como E.T, Platoon, Star wars o Aliens .

Recuerdo muy bien aquellos días donde como en Cinema Paradiso me dejé maravillar por el mundo del celuloide, un cine popular pero cine de todos modos.

Sin embargo mi apreciación estética parecía advertirme que el cine podía ser más, quizás por eso, la primera película que recuerdo haber visto no se traslada a este campo de cintas que quedaron relegadas muchas veces al olvido o al género retro de la acción y las aventuras sino que mi primer recuerdo de una película asombrosa se traslada a un viaje a Villavicencio en uno de mis cumpleaños.

Tenía apenas unos 7 años y mi madre me llevó a ver una película proyectada sobre telón, era la primera vez que entraba a una sala, aquel día estrenaban la película El oso, del gran director Jean- Jacques Arnaud, ese genial hombre que dirigió Siete años en el Tibet, El amante y el Nombre de la rosa.

La película comenzó y para mi fueron las dos horas más maravillosas que pude tener, aquella sala me inundó por completo y me extasió

Aquel osezno luchando por sobrevivir, aquella aventura natural que sondeaba los sentimientos y las obsesiones humanas a través de una metáfora animal me hicieron llorar, tener pesadillas, dudar de todo y comenzar a pensar en cosas que no venían a cuento para un niño de esa edad, de pronto comencé a interrogarme por cuestiones como la justicia, el honor, la psicología, el ser, entre tantas otras que me fueron convirtiendo en lo que soy.

La escena que más me impacto fue aquella donde el osezno sueña con su  su madre y comienza a gemir, esa parte me dejó partido, destrozado por completo y con la seguridad de que los animales también podían sentir, sufrir, extrañar, odiar y amar.

Una  película que más allá de los tiroteos y guerras en las que viví me dio el placer de un cine bien hecho y que nunca pude olvidar. Gracias madre.





09 septiembre 2011

Videodrome



David Cronenberg tiene un cine especial, un cine que se aísla pero que también se acerca, un cine que penetra y confunde nuestros discursos, que los enloda en su propio marasmo de digresiones y utopías. Cada director de culto tiene su sello que lo distingue, en el caso de Cronenberg asistimos a esas cuestiones arrogantes de unas películas donde  lo extraño sucumbe a aquello que de pronto pasa a volverse cotidiano y ordinario.

Quiero resaltar que en Videodrome  la apuesta resulta convincente, sus artefactos orgánicos, sus vísceras desentrañándose y extrañándose y esa particular manía de promover a través de la tecnología el desastre de la conciencia humana y que siempre son comunicadas  por medio de lo grotesco llegan a la cúspide con la protagonización sublime que resulta poco a poco imprimiendo en su personaje el gran James Wood.

Algo de los cuentos de Van Dijk, algo que se desencadena en una maestría dentro de un género carcomido por betsellers es lo que logra Cronenberg con esta propuesta.

Leer esta película es leer dos horas que buscan hacer temblar nuestra idea de comodidad ante la tecnología y además de lo que con ella sería capaz de realizar el instinto humano y la violencia humana.

Una película que auguró la reproducción del cine snoff, de los casetes caseros de video y de esas organizaciones que buscan consolidar un mercado que satisfaga los oscuros deseos de la impulsividad humana y de los alcances mismos de su perversidad, una  película que apostó por la degeneración.

La crítica que hace la película no sólo la convierte en un divertimento sino que la hace parte integral de un paquete documental que invita  a la discusión y la reflexión.

Lo bueno del cine, del cine bien hecho, es que al igual que la literatura bien hecha, expanden la lectura y la plasticidad del pensar, hacen posible la flexibilidad y la liberación multivariable de temáticas y conducen a un juego de matrioskas y de laberintos. Quizás uno jamás termina de ver una película, quizás uno nunca termina de leer un libro; estos son objetos que comienzan a expenderse y a constituirse en estructuras de nuestro pensamiento, de nuestra expresión, de nuestra cultura, de nuestros pecados, de nuestros propios y a veces espeluznantes destinos.

La película cuenta la metamorfosis de un hombre atrapado por una cinta, por el mundo tecnológico en el que el mismo personaje busca innovar; algo resulta mal en esa investigación, algo que de pronto lleva al protagonista a un lugar de la realidad donde lo misterioso supera la ficción comienza a aturdirlo y desde entones nosotros, Cronenberg  es perverso,  nos convertimos en los testigos de esta destrucción y esta revelación.

Imágenes impresionantes y dramáticas; así como en “En el almuerzo desnudo”  no es  imposible olvidar las cucarachas grotescas que llevan a consolidar las alucinaciones del escritor sumergido en su adicción; así como es imposible dejar de ver en nuestra mente el arma orgánica que construye Jude Low en “Existen-Z”, así de imposible son muchas de las imágenes que nos deja para siempre está cinta.

Recuerdo haber visto de niño “Juegos diabólicos”, en esta película, la hija del matrimonio que padece el acoso de los espíritus, pasa hacia otra dimensión a través de la pantalla de la televisión, una metáfora originada en Alicia y el espejo y que el cine ha buscado replicar en muchas otras producciones; fue así como tiempo después volví a encontrarme con este acontecimiento pero esta vez ya no era una invasión de aquí para allá sino que esta vez en la película “El aro”, los espeluznante comenzaba su invasión a través de la televisión, salía de ese portal hacia nuetsra dimensión en lugar de dejar entrar.

Cronenberg reúne estos argumentos y pone a dialogar el mundo de allá con el mundo de acá, la membrana de ese portal que es la televisión de pronto comienza a recrear una nueva metáfora, una metáfora que por el sólo hecho de existir, como decía Chesterton, es atroz. 

Otro dato o factor interesante que fortalece el monumental proyecto y que se fija en la película también de nuestras vidas se basa en esa constante humana de la ilusión de pensar o considerar el desgarramiento de las vísceras; ese acto de meter las manos en nuestra propia carne y que podría ser un deseo oculto, un resentimiento o un desgarramiento, este hecho que ha pasado por la mente de todo hombre y mujer por lo menos una vez en la vida y que se convierte en un acto que va muy unido a la autodestrucción es retratado fantásticamente en Videodrome. El propósito de esta pulsión no ha podido ser explicado aún por la psicología y subyace todavía en las tinieblas del instinto humano.

En Videodrome, el protagonista lleva este acontecimiento al límite, expresando así, otro discurso; a través de este ritual comienza  a entrever una salvación que será el origen de un desenlace que se gana todos los aplausos. Vale  entonces la pena asistir a este viacrucis de un hombre que sufre toda la pasión de sus incertidumbres más reprimidas. 

Videodrome



David Cronenberg tiene un cine especial, un cine que se aísla pero que también se acerca, un cine que penetra y confunde nuestros discursos, que los enloda en su propio marasmo de digresiones y utopías. Cada director de culto tiene su sello que lo distingue, en el caso de Cronenberg asistimos a esas cuestiones arrogantes de unas películas donde  lo extraño sucumbe a aquello que de pronto pasa a volverse cotidiano y ordinario.

Quiero resaltar que en Videodrome  la apuesta resulta convincente, sus artefactos orgánicos, sus vísceras desentrañándose y extrañándose y esa particular manía de promover a través de la tecnología el desastre de la conciencia humana y que siempre son comunicadas  por medio de lo grotesco llegan a la cúspide con la protagonización sublime que resulta poco a poco imprimiendo en su personaje el gran James Wood.

Algo de los cuentos de Van Dijk, algo que se desencadena en una maestría dentro de un género carcomido por betsellers es lo que logra Cronenberg con esta propuesta.

Leer esta película es leer dos horas que buscan hacer temblar nuestra idea de comodidad ante la tecnología y además de lo que con ella sería capaz de realizar el instinto humano y la violencia humana.

Una película que auguró la reproducción del cine snoff, de los casetes caseros de video y de esas organizaciones que buscan consolidar un mercado que satisfaga los oscuros deseos de la impulsividad humana y de los alcances mismos de su perversidad, una  película que apostó por la degeneración.

La crítica que hace la película no sólo la convierte en un divertimento sino que la hace parte integral de un paquete documental que invita  a la discusión y la reflexión.

Lo bueno del cine, del cine bien hecho, es que al igual que la literatura bien hecha, expanden la lectura y la plasticidad del pensar, hacen posible la flexibilidad y la liberación multivariable de temáticas y conducen a un juego de matrioskas y de laberintos. Quizás uno jamás termina de ver una película, quizás uno nunca termina de leer un libro; estos son objetos que comienzan a expenderse y a constituirse en estructuras de nuestro pensamiento, de nuestra expresión, de nuestra cultura, de nuestros pecados, de nuestros propios y a veces espeluznantes destinos.

La película cuenta la metamorfosis de un hombre atrapado por una cinta, por el mundo tecnológico en el que el mismo personaje busca innovar; algo resulta mal en esa investigación, algo que de pronto lleva al protagonista a un lugar de la realidad donde lo misterioso supera la ficción comienza a aturdirlo y desde entones nosotros, Cronenberg  es perverso,  nos convertimos en los testigos de esta destrucción y esta revelación.

Imágenes impresionantes y dramáticas; así como en “En el almuerzo desnudo”  no es  imposible olvidar las cucarachas grotescas que llevan a consolidar las alucinaciones del escritor sumergido en su adicción; así como es imposible dejar de ver en nuestra mente el arma orgánica que construye Jude Low en “Existen-Z”, así de imposible son muchas de las imágenes que nos deja para siempre está cinta.

Recuerdo haber visto de niño “Juegos diabólicos”, en esta película, la hija del matrimonio que padece el acoso de los espíritus, pasa hacia otra dimensión a través de la pantalla de la televisión, una metáfora originada en Alicia y el espejo y que el cine ha buscado replicar en muchas otras producciones; fue así como tiempo después volví a encontrarme con este acontecimiento pero esta vez ya no era una invasión de aquí para allá sino que esta vez en la película “El aro”, los espeluznante comenzaba su invasión a través de la televisión, salía de ese portal hacia nuetsra dimensión en lugar de dejar entrar.

Cronenberg reúne estos argumentos y pone a dialogar el mundo de allá con el mundo de acá, la membrana de ese portal que es la televisión de pronto comienza a recrear una nueva metáfora, una metáfora que por el sólo hecho de existir, como decía Chesterton, es atroz. 

Otro dato o factor interesante que fortalece el monumental proyecto y que se fija en la película también de nuestras vidas se basa en esa constante humana de la ilusión de pensar o considerar el desgarramiento de las vísceras; ese acto de meter las manos en nuestra propia carne y que podría ser un deseo oculto, un resentimiento o un desgarramiento, este hecho que ha pasado por la mente de todo hombre y mujer por lo menos una vez en la vida y que se convierte en un acto que va muy unido a la autodestrucción es retratado fantásticamente en Videodrome. El propósito de esta pulsión no ha podido ser explicado aún por la psicología y subyace todavía en las tinieblas del instinto humano.

En Videodrome, el protagonista lleva este acontecimiento al límite, expresando así, otro discurso; a través de este ritual comienza  a entrever una salvación que será el origen de un desenlace que se gana todos los aplausos. Vale  entonces la pena asistir a este viacrucis de un hombre que sufre toda la pasión de sus incertidumbres más reprimidas. 

24 junio 2011

ADAPTATION.





Seamos pavorosos, con la película Adaptatión del gran director Spike Jonze se da la relación real con los personajes ficticios, quiero decir con esto que a partir de Adaptatión la ficción es invitada a los premios de la academia para recibir una estatuilla, Donald, hermano de  Charlie Kaufman el gran guionista de Hollywood, es simplemente un personaje ficticio, elaborado como estrategia para plasmar ciertas pulsiones reprimidas de la pasión humana, sin embargo, en la entrega de los premios este tipo poco convencional y entusiasta es nominado como co-autor del filme.

Un caso realmente pavoroso, no me imagino a  Nicolas cage entrando y saliendo de una cabina telefónica para poder como Supermán o Kent ser dos personas al mismo tiempo en dicha entrega o mejor aun, siendo más realistas, no me imagino lo que pudo pensar Charlie cuando nominaron a Donald, su hermano, como mejor escritor de guiones, cosas increíbles están sucediendo.

En American splendor un personaje de comics sub-culturales es representado por un actor que lleva al limite la monotonía de la vida postmoderna, sin embargo sabemos que este actor nunca será en realidad ese personaje ficticio, que dicho personaje jamás lo veremos subiendo a dar las gracias por una nominación a un premio.

Adaptatión rompe con todas las reglas, irrumpe con cierta ya no hipertextualidad sino con una interrelación utópica entre la realidad y la ficción, no sólo se trata de este hecho inenarrable sino que la película entera es un marasmo exquisito de perplejidades donde la ficción se introduce en la realidad concentrándola, haciéndola más verosímil.

Veamos bien el asunto. La película esta basada en un libro, el libro a la vez está basado en un artículo de una revista que la misma autora del libro publicó años atrás.

Ahora, Charlie adapta dicho libro y crea el guión, sin embargo Charlie rompe con las reglas, no adapta solamente el libro sino su propio momento, ese presente en que le es encomendado adaptar una novela para el cine, el guion entonces deja de ser una simple adaptación y pasa a convertirse en una teoría paradójica de dos historias que se cruzan, el guion comienza a hablar del libro, comienza  a adaptar el libro, vemos como el tipo enamorado de las orquídeas va internándose poco a poco más en los fangos floridos de su propia pasión, vemos su drama, pero esto es solamente una secuela, es algo que viene después; lo que vemos realmente es al propio Charlie enfrentándose contra su crisis creativa, la película comienza con la situación real, Charlie está adaptando un libro, pero hay una barrera en su escritura y entonces la historia que va a adaptar comienza a meterse en su realidad con todos sus personajes, primero es la escritora, interpretada por la bella Meryl Streep, en esta película vemos a una Meryl en toda su madurez, con el aura maravillosa de su interpretación en Manhattan y que parece no envejecer, esta vez la rubia de la sonrisa misteriosa entabla un a verdadera representación de la neurastenia de una mujer desencantada.

Charlie es avasallador, no solo juega con meterse en la película sino que  va introduciendo, adaptando a su propia situación  creativa los personajes que rodean toda su problemática de adaptación, así es como entra en juego la escritora, luego el personaje del libro caracterizado por el fenomenal Chris Cooper y por último nos propone lo imposible que va más allá de lo imposible, la concreta relación con un hermano ficticio que desencadenará como en Amores Perros la escena volcánica, ese encuentro de todas las historias que provoca el clímax escénico donde lo real y lo ficticio son devorados por la pasión, por el sistema límbico, por el cocodrilo de sus propias pulsiones desamparadas, tal y como lo lograra Kim Ki-Duk en Time.
Una hermosa y atroz evidencia de nuestra situación actual donde las redes sociales, los juegos de roles, las realidades simuladas y demás han logrado ya no ser parte de nuestras vidas sino que han logrado involucrarse en nuestros propios laberintos conllevándonos a la despersonalización total, en la Universidad conocí a un tipo que le encantaban los juegos de roles, al final su rol de hombre lobo lo atrapó por completo y años después pude verlo aullando por las calles sin tener conciencia de que todo era un juego.

Bruce Willis en una película que lleva como titulo en español el Sustituto plantea esta inhumana paradoja del hombre que busca remplazo en la ficción, en clones que puedan sustituirlo y darle un respiro de libertad sin embargo esos sustitutos comenzaran a tener voluntad y lo conllevaran a su propia destrucción.

En Primer una de las películas más extraña de todos los tiempos, unos chicos nerds construyen una maquina del tiempo donde el cambio de eventos hace que comiencen a multiplicarse copias de ellos mismos creando destinos casi infinitos que al final no podrán controlar. Una legión de muertos de si mismos es ocultada en el altillo de sus hogares mientras sus vidas van desmoronándose hacia el delirio.

En yo Robot, la distopía gobierna los sueños conllevándolos hacia la realidad, un esquema básico que traza toda la trama también de Minority report o de Donnie Darko o del caso maravilloso que ejecuta David Linch en Carretera perdida.

Sin embargo el tratamiento que Charlie aplica a su guion no sólo entrama estos procedimientos de duplicación, sustitución, irreversibilidad y mezcla de la realidad-ficción sino que estructura una manera ucrónica de contar ya no el pasado sino el presente mismo, no adapta, modifica el presente en el presente, involucra un tratamiento de aporía donde la realidad se rompe al no poder contener lo que antes era imposible; lo que construye es una maquina para  mantener las versiones en el instante de un posible escapismo a uno mismo, elabora una esplendida falacia para hacer creíble la suma de todos los hechos.

Charlie hizo posible su historia dentro de un  tiempo que fluye a la par con la realidad, que postula ya no un paralelismo con el río absoluto del tiempo sino que suministra la posibilidad de generar un diagrama que confluya y recorra dentro de nuestra propia vida la versión imposible de nuestros sueños.

El pavor entonces está en lo que viene, las pesadillas andando por las calles invitadas a las fiestas  en lugar de nosotros porque quizás puedan generar mejor simpatía que la que nosotros mismos podemos dar. Llaman, con sobriedad, a Charlie, el guionista de Cómo ser John Malkovich, nominado en esta ocasión al Óscar de mejor guion adaptado, un momento, no sólo lo llaman a él, están pronunciando el nombre de Donald Kaufman, con entusiasmo. Insólito.

ADAPTATION.





Seamos pavorosos, con la película Adaptatión del gran director Spike Jonze se da la relación real con los personajes ficticios, quiero decir con esto que a partir de Adaptatión la ficción es invitada a los premios de la academia para recibir una estatuilla, Donald, hermano de  Charlie Kaufman el gran guionista de Hollywood, es simplemente un personaje ficticio, elaborado como estrategia para plasmar ciertas pulsiones reprimidas de la pasión humana, sin embargo, en la entrega de los premios este tipo poco convencional y entusiasta es nominado como co-autor del filme.

Un caso realmente pavoroso, no me imagino a  Nicolas cage entrando y saliendo de una cabina telefónica para poder como Supermán o Kent ser dos personas al mismo tiempo en dicha entrega o mejor aun, siendo más realistas, no me imagino lo que pudo pensar Charlie cuando nominaron a Donald, su hermano, como mejor escritor de guiones, cosas increíbles están sucediendo.

En American splendor un personaje de comics sub-culturales es representado por un actor que lleva al limite la monotonía de la vida postmoderna, sin embargo sabemos que este actor nunca será en realidad ese personaje ficticio, que dicho personaje jamás lo veremos subiendo a dar las gracias por una nominación a un premio.

Adaptatión rompe con todas las reglas, irrumpe con cierta ya no hipertextualidad sino con una interrelación utópica entre la realidad y la ficción, no sólo se trata de este hecho inenarrable sino que la película entera es un marasmo exquisito de perplejidades donde la ficción se introduce en la realidad concentrándola, haciéndola más verosímil.

Veamos bien el asunto. La película esta basada en un libro, el libro a la vez está basado en un artículo de una revista que la misma autora del libro publicó años atrás.

Ahora, Charlie adapta dicho libro y crea el guión, sin embargo Charlie rompe con las reglas, no adapta solamente el libro sino su propio momento, ese presente en que le es encomendado adaptar una novela para el cine, el guion entonces deja de ser una simple adaptación y pasa a convertirse en una teoría paradójica de dos historias que se cruzan, el guion comienza a hablar del libro, comienza  a adaptar el libro, vemos como el tipo enamorado de las orquídeas va internándose poco a poco más en los fangos floridos de su propia pasión, vemos su drama, pero esto es solamente una secuela, es algo que viene después; lo que vemos realmente es al propio Charlie enfrentándose contra su crisis creativa, la película comienza con la situación real, Charlie está adaptando un libro, pero hay una barrera en su escritura y entonces la historia que va a adaptar comienza a meterse en su realidad con todos sus personajes, primero es la escritora, interpretada por la bella Meryl Streep, en esta película vemos a una Meryl en toda su madurez, con el aura maravillosa de su interpretación en Manhattan y que parece no envejecer, esta vez la rubia de la sonrisa misteriosa entabla un a verdadera representación de la neurastenia de una mujer desencantada.

Charlie es avasallador, no solo juega con meterse en la película sino que  va introduciendo, adaptando a su propia situación  creativa los personajes que rodean toda su problemática de adaptación, así es como entra en juego la escritora, luego el personaje del libro caracterizado por el fenomenal Chris Cooper y por último nos propone lo imposible que va más allá de lo imposible, la concreta relación con un hermano ficticio que desencadenará como en Amores Perros la escena volcánica, ese encuentro de todas las historias que provoca el clímax escénico donde lo real y lo ficticio son devorados por la pasión, por el sistema límbico, por el cocodrilo de sus propias pulsiones desamparadas, tal y como lo lograra Kim Ki-Duk en Time.
Una hermosa y atroz evidencia de nuestra situación actual donde las redes sociales, los juegos de roles, las realidades simuladas y demás han logrado ya no ser parte de nuestras vidas sino que han logrado involucrarse en nuestros propios laberintos conllevándonos a la despersonalización total, en la Universidad conocí a un tipo que le encantaban los juegos de roles, al final su rol de hombre lobo lo atrapó por completo y años después pude verlo aullando por las calles sin tener conciencia de que todo era un juego.

Bruce Willis en una película que lleva como titulo en español el Sustituto plantea esta inhumana paradoja del hombre que busca remplazo en la ficción, en clones que puedan sustituirlo y darle un respiro de libertad sin embargo esos sustitutos comenzaran a tener voluntad y lo conllevaran a su propia destrucción.

En Primer una de las películas más extraña de todos los tiempos, unos chicos nerds construyen una maquina del tiempo donde el cambio de eventos hace que comiencen a multiplicarse copias de ellos mismos creando destinos casi infinitos que al final no podrán controlar. Una legión de muertos de si mismos es ocultada en el altillo de sus hogares mientras sus vidas van desmoronándose hacia el delirio.

En yo Robot, la distopía gobierna los sueños conllevándolos hacia la realidad, un esquema básico que traza toda la trama también de Minority report o de Donnie Darko o del caso maravilloso que ejecuta David Linch en Carretera perdida.

Sin embargo el tratamiento que Charlie aplica a su guion no sólo entrama estos procedimientos de duplicación, sustitución, irreversibilidad y mezcla de la realidad-ficción sino que estructura una manera ucrónica de contar ya no el pasado sino el presente mismo, no adapta, modifica el presente en el presente, involucra un tratamiento de aporía donde la realidad se rompe al no poder contener lo que antes era imposible; lo que construye es una maquina para  mantener las versiones en el instante de un posible escapismo a uno mismo, elabora una esplendida falacia para hacer creíble la suma de todos los hechos.

Charlie hizo posible su historia dentro de un  tiempo que fluye a la par con la realidad, que postula ya no un paralelismo con el río absoluto del tiempo sino que suministra la posibilidad de generar un diagrama que confluya y recorra dentro de nuestra propia vida la versión imposible de nuestros sueños.

El pavor entonces está en lo que viene, las pesadillas andando por las calles invitadas a las fiestas  en lugar de nosotros porque quizás puedan generar mejor simpatía que la que nosotros mismos podemos dar. Llaman, con sobriedad, a Charlie, el guionista de Cómo ser John Malkovich, nominado en esta ocasión al Óscar de mejor guion adaptado, un momento, no sólo lo llaman a él, están pronunciando el nombre de Donald Kaufman, con entusiasmo. Insólito.

26 diciembre 2010

BARFLY.



"Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad."

Henry Chinasky.

Tres son las películas más conocidas sobre el gran borracho poeta de los Estados Unidos Charles Bukowski, y las tres sin lugar a dudas han intentado con algo de derrota prometer un biopic interesante, sin embargo, hablar sobre Buk es casi imposible, el mismo lo intentó toda su vida, toda su prosa y poesía no hacen más que hablar de su existencia, su tema es el mismo, sus alegatos, odios, rencores, pasiones giran en torno a lo que el consideraba dentro de su humanidad como cierto o falso.

Muchos lo consideran el gran poeta de la postmodernidad, el precursor que fue capaz de escribir después de la generación beat, el escritor que rompió los únicos moldes que hacían falta y que Kerouac no había logrado. Lo ponen por encima de Ginsberg o Burroughs, transformándolo en un ícono no de una tribu hippie sino de una raza alienada por sus propias desgarradas ruinas.

Barfly, película escrita por el mismo Charles, habla sobre esa condición ya no maldita y marginal, Bukowski nunca intentó la marginalidad, sólo se afanaba por ser un vividor que pudiera tener tiempo para escribir, su filosofía de vagabundo planteaba la comodidad en el círculo que fuera, su anarquismo está más cerca de Steiner que de Reclus y por alguna razón su estrafalario sentido de la libertad sólo fue la mascarada para aprovecharse de cuanto pudiera, fue el gánster, el padrino de la poesía y la vagabundería.

Ordinaria locura y Factótum intentaron ser un poco más sobrias mostrando a un Buk que es empujado a esa alienación donde las borracheras son sólo una secuela de una vida que lo ahoga y lo tritura, en cambio Barfly es visceral.

Lo que encanta siempre en Charles es esa visceralidad, esa demostración honesta y cruda de su propia vida, sin pudor alguno. La película dirigida por Barbet Schroder impacta maravillosamente. Si el guión es del gran Hunk, la dirección compagina con dicha genialidad logrando una cinta que sumerge en la sórdida atmosfera de un bar. La película pocas veces sale de esa taberna de mala muerte, pocas veces se ha visto que una película pueda casi toda hacerse dentro de un solo escenario, Barfly casi lo logra.

Además no hay que olvidar la interpretación de Mickey Rourke, verdadera actuación de este actor que se ha constituido en uno de los mejores de la empresa. Sus inolvidables personajes en El luchador de Aronofsky o el rudo Marv de Sin City compiten con esta protagonización juvenil, Mickey lleva al extremo su talento ofreciéndonos un retrato ebrio de un Charles que nunca olvidaremos.

La película Barfly concentra un manifiesto individual sobre la condición humana, toda ella es sólo un acto caprichoso de ir contra las reglas, sin dejar de ser escritor.

BARFLY.



"Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad."

Henry Chinasky.

Tres son las películas más conocidas sobre el gran borracho poeta de los Estados Unidos Charles Bukowski, y las tres sin lugar a dudas han intentado con algo de derrota prometer un biopic interesante, sin embargo, hablar sobre Buk es casi imposible, el mismo lo intentó toda su vida, toda su prosa y poesía no hacen más que hablar de su existencia, su tema es el mismo, sus alegatos, odios, rencores, pasiones giran en torno a lo que el consideraba dentro de su humanidad como cierto o falso.

Muchos lo consideran el gran poeta de la postmodernidad, el precursor que fue capaz de escribir después de la generación beat, el escritor que rompió los únicos moldes que hacían falta y que Kerouac no había logrado. Lo ponen por encima de Ginsberg o Burroughs, transformándolo en un ícono no de una tribu hippie sino de una raza alienada por sus propias desgarradas ruinas.

Barfly, película escrita por el mismo Charles, habla sobre esa condición ya no maldita y marginal, Bukowski nunca intentó la marginalidad, sólo se afanaba por ser un vividor que pudiera tener tiempo para escribir, su filosofía de vagabundo planteaba la comodidad en el círculo que fuera, su anarquismo está más cerca de Steiner que de Reclus y por alguna razón su estrafalario sentido de la libertad sólo fue la mascarada para aprovecharse de cuanto pudiera, fue el gánster, el padrino de la poesía y la vagabundería.

Ordinaria locura y Factótum intentaron ser un poco más sobrias mostrando a un Buk que es empujado a esa alienación donde las borracheras son sólo una secuela de una vida que lo ahoga y lo tritura, en cambio Barfly es visceral.

Lo que encanta siempre en Charles es esa visceralidad, esa demostración honesta y cruda de su propia vida, sin pudor alguno. La película dirigida por Barbet Schroder impacta maravillosamente. Si el guión es del gran Hunk, la dirección compagina con dicha genialidad logrando una cinta que sumerge en la sórdida atmosfera de un bar. La película pocas veces sale de esa taberna de mala muerte, pocas veces se ha visto que una película pueda casi toda hacerse dentro de un solo escenario, Barfly casi lo logra.

Además no hay que olvidar la interpretación de Mickey Rourke, verdadera actuación de este actor que se ha constituido en uno de los mejores de la empresa. Sus inolvidables personajes en El luchador de Aronofsky o el rudo Marv de Sin City compiten con esta protagonización juvenil, Mickey lleva al extremo su talento ofreciéndonos un retrato ebrio de un Charles que nunca olvidaremos.

La película Barfly concentra un manifiesto individual sobre la condición humana, toda ella es sólo un acto caprichoso de ir contra las reglas, sin dejar de ser escritor.

13 noviembre 2010

Red social



"Situación sentimental: me interesa... eso es lo que mueve la vida universitaria, quieres sexo con alguien o no, es por lo que la gente va a ciertas clases, se sienta donde se sienta y hace lo que hace...y en esencia es una consistencia de facebook, la gente se ahorrará toda esa parafernalia, existe la posibilidad de que realmente puedan...echar un polvo"

Red social

Borges afirmó que toda literatura era autobiografía, con lo que quiso declarar un misterio; por un lado afirmó que en toda escritura no podíamos dejar de poner algo de nosotros mismos, algo inevitablemente nuestro y por el otro lado sospechó que en toda autobiografía existía algo de literatura, de ficción, de creación y modificación de los hechos para hacerlos parecer asombrosos o de inclusión, simplemente, de hechos asombrosos.

Esta misma sentencia puede aplicarse al cine. Las películas biográficas más conocidas hoy en día por su expresión inglesa de Biopic (biografic picture), no sólo han servido para llevar el género literario de la biografía al cine sino que han servido para modificarlo de forma extraordinaria.

Toda película biográfica señala la delgada línea narrativa que prodiga insólitamente cosas únicas de sus personajes; el cine se convierte en un biógrafo que a veces logra atrapar el alma de sus personajes trasmitiéndonos interpretaciones de fantasmas tan fidedignas que en muchas ocasiones terminamos amando al personaje histórico real sólo gracias al personaje ficticio que lo encarnó en un filme; pero las biografías cineastas también llevan en paralelo otro señalamiento de una línea que fortuitamente altera el curso a veces de los personajes, de la historia, y de los hechos narrados, inevitablemente consigue hacer con la ficción que lo que se narra se desborde prodigiosamente sobre la mente estupefacta que el espectador equilibra con sus razones para normalizar la irrealidad y de esta manera reforzar la idea del personajes que no hacen sino volverse más fuertes en el tiempo, gracias a esta aventura del celuloide.

Este es el caso del joven multimillonario que creo Facebook, la red social más enganchadora de nuestro siglo. La película rompe con esquemas básicos y prejuicios que se han construido con base en el prestigio y desprestigio que la misma plataforma social y los comentarios sobre la sombra del personaje en cuestión han creado.

El segmento de la biografía no se centra en contarnos la evolución de un genio, nos presenta al genio y se remite a contarnos el breve pero caótico lapso en que este crea, solidifica, defiende y mantiene su obra y su empresa.

Esta película es un ejemplo más allá de lo que se quiera decir o pensar de aspectos relevantes de la organización cognitiva social y laboral que debe tener todo ser humano en el siglo que aguantamos.

La personificación del personaje de Zuckerberg exhibido por el joven talento de Jesse Eisenberg denota sagacidad, templanza, constancia, confianza, malicia, razonamiento deductivo, dialéctico y moral y además nos permite explorar como una mente brillante no sólo debe pensar en su creación románticamente, ese aspecto parnasiano del arte por el arte, sino que debe evolucionar con la idea de reconocer que toda obra genial conlleva a dos cosas: bienestar y evolución, en este sentido, el arte no como instrumentación betjaminiana sino como producto satisfactorio de nuestro esfuerzo que vale la pena explotar porque se trata de la mina íntima que hacemos universal.

Ya habrá quienes piensen que la película es una adaptación excelente del libro de Ben Mezrich; “Multimillonarios por accidente: La fundación de Facebook, una historia de sexo, dinero, genio y traición” hecha esta por el genial David Fincher, pero que más allá de esto, sólo demuestra es la interpretación fidedigna de un ser real mezquino y ambicioso.

Estas opiniones pueden ir y venir, sin embargo lo único que logran, es consolidar todavía “mucho” más el éxito de este largometraje.

Hay más cosas; la banda sonora, sutil y catalizadora de momentos de suspenso y ese elenco maravilloso de actores que catapultan con su juventud y su capacidad la película “Red Social” como una de las mejores que se han presentado durante el año, trabajado con maravillosa complejidad las intrigas alrededor de un momento genial de un personaje histórico.

Otro aspecto; el último por revelar;:la carencia de esa digitalización obsesiva por los efectos especiales. En esta película asistimos a un realismo crudo suavizado con la más delicada de las técnicas literarias posibles: la sobriedad y esa “compleja sencillez”, como diría Borges, del estilo único que sólo he visto en dos literatos: de Quincey y Capote.